Humberto Moreira y Vicente Chaires : Síndrome por agotamiento

Humberto Moreira foto y Vicente Chaires

El Blog de Vida en Prodigy MSN con Vale Villa(AFP)

Últimamente he estado pensando mucho sobre las intersecciones que se dan entre diferentes padecimientos emocionales. La ansiedad y la depresión son primas hermanas, leí el otro día. La gente crónicamente enojada puede estar encubriendo una depresión. Los perfeccionistas y obsesivos se vuelven ansiosos o tal vez la ansiedad es el origen de los rituales de perfección. Hoy pensé en el síndrome por agotamiento (burnout syndrome) que es frecuente hoy día y que se parece mucho a la depresión, aunque no necesariamente implica una depresión clínica. El tema siempre es: ¿a qué grado estoy padeciendo lo que padezco? ¿estoy empezando, a la mitad o en fase de franco deterioro?

Humberto Moreira y 

El Síndrome por agotamiento interfiere con la salud, con la calidad de vida y con la percepción de ser feliz o estar satisfecho. Parecen razones suficientes para explorar el tema. Hay circunstancias de vida, rasgos de personalidad o partes de la identidad que generan una mayor propensión a padecer el síndrome. Por ejemplo, el agotamiento crónico generado por la paternidad, especialmente de niños recién nacidos o muy pequeños o de adolescentes puede ser un desencadenante. Un mal matrimonio que se ha querido rescatar sin éxito a lo largo de muchos años, un jefe enojado permanentemente o abusivo o cualquier otra relación significativa que es destructiva, frustrante, intoxicante.

Existe también el agotamiento producido por aburrimiento o cansancio extremo de una actividad laboral insatisfactoria, frustrante, repetitiva, mecánica, poco estimulante, con poco reconocimiento o con pocas posibilidades de innovar o crecer, que puede detonar el síndrome.

También puede presentarse en aquellos que cuidan de otros como médicos, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, cuidadores de un enfermo crónico o terminal.

Algunos síndromes asociados al síndrome de agotamiento crónico pueden ser el síndrome del complaciente, cuya forma de vida se basa en que primero están los demás, incapaz de sentirse valioso o querible a menos que sea útil para los otros, con una compulsión difícil de romper de probar su valía a través del reconocimiento externo. El único antídoto para estas personas es aprender a desarrollar el amor propio, el autorreconocimiento, la autonomía emocional. También se asocia al síndrome del autosuficiente, ese incapaz de pedir ayuda aunque se sienta muy mal por pensar que es débil si muestra a otros su vulnerabilidad. La capacidad de pedir ayuda está asociada con recuperación de enfermedad física y mental y con fortaleza en general. Somos más fuertes si aprendemos a incluir a los otros en lo que nos pasa como una posibilidad de ayuda y acompañamiento.

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